Dimensión Justicia, Paz y Reconciliación
La dimensión de Justicia, Paz y Reconciliación es una de las 8 dimensiones que integran la Comisión Episcopal para la Pastoral Social.
Es un órgano de carácter pastoral al servicio de la Conferencia de Episcopado Mexicano que tiene como finalidad promover la Justicia, la Paz y la Reconciliación desde la pastoral de los derechos humanos, según el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.
Al respecto el directorio nacional para la Pastoral Social cuando habla de la necesidad de llevar el Evangelio a los ambiente de la vida social nos dice en los números 518 al 517:
Construir una sociedad fraterna
Esta es la finalidad última de la Pastoral Social: construir un mundo en el que todos podamos vivir como hermanos, confesando así de manera congruente a Dios como nuestro Padre. Por ello un compromiso, que también nos es propio, es la defensa y promoción de los derechos humanos, contribuir en la formación de la ciudadanía, en el cuidado de nuestra casa común, en el compromiso a favor de la paz y de la reconciliación.
Estamos convencidos que al proclamar el Evangelio, raíz profunda de los derechos humanos, la Iglesia no se arroga una tarea ajena a su misión, sino por el contrario, obedece al mandato de Jesucristo, al hacer de la ayuda al necesitado una exigencia esencial de su misión evangelizadora. Los Estados no conceden estos derechos; a ellos les corresponde protegerlos y desarrollarlos, pues pertenecen al hombre por naturaleza . Por ello los cristianos, como integrantes de la sociedad, no estamos exentos de responsabilidad en relación con los modelos de desarrollo que han provocado los actuales desastres ecológicos y sociales .
Estas tareas exigen presencia de la Pastoral Social en los espacios creadores de cultura y una nueva relación con la sociedad. Así, la contribución de la Pastoral Social a la posibilidad de vivir como hermanos hará concreto el mandamiento del amor, y la Pastoral Social, servidora de la caridad, contribuirá a dinamizar el ser y quehacer de toda la Iglesia.
Derechos Humanos, Ciudadanía y Justicia Social
La pastoral de los derechos humanos es expresión de la amorosa solicitud que la Iglesia tiene por el hombre y la mujer concretos, por la que trata de ir hasta donde está el ser humano excluido, vulnerado en su dignidad. La pastoral de la Iglesia por los derechos humanos cobra palpitante actualidad en el mundo contemporáneo. La Iglesia no puede abandonar al hombre, cuyo destino está ligado a Cristo de manera estrecha e indisoluble.
El Papa Juan Pablo II señaló los objetivos que debe tener en cuenta la pastoral de los derechos humanos: en primer lugar, lograr que la aceptación de los derechos universales en la “letra” lleve a la práctica de su “espíritu”, en todas partes y con la mayor eficacia.
El segundo objetivo de la pastoral de los derechos humanos consiste en plantear los interrogantes esenciales que afectan a la situación del hombre de hoy y de mañana, con objetividad, lealtad y sentido de responsabilidad. Hoy en día ha crecido el problema de la violación de algunos derechos, y se han incrementado las condiciones sociales y políticas adversas para su cabal cumplimiento. Al mismo tiempo aparece una mayor necesidad de mecanismos jurídicos y de participación ciudadana, para que puedan hacerse valer por exigencias de la propia ley, y ser reclamados ante los tribunales con la fuerza del derecho .
El tercer objetivo es la educación en el reconocimiento y respeto a los derechos humanos, que implica la creación de una verdadera cultura de los derechos humanos, necesaria para que funcione el Estado democrático de Derecho.
El cuarto objetivo de la Pastoral de los Derechos Humanos es dedicarse particularmente a la dimensión espiritual y trascendente de la persona, sobre todo en el ambiente actual, en el que se manifiesta la tendencia a reducirla a una sola de sus dimensiones, la dimensión económica, y a considerar el desarrollo casi exclusivamente en términos mercantiles.
La ciudadanía tiene que ver con la pertenencia a una comunidad política y con la posesión de una nacionalidad. Implica además tener en ella derechos y obligaciones que deben ejercerse con apego a la ley. A pesar de que todavía hay ciudadanos que lo son sólo de nombre, por verse privados en la práctica del ejercicio de muchos de sus derechos, o porque se preocupan exclusivamente de sus intereses, sin tomar en cuenta sus obligaciones para con los demás, poco a poco vemos surgir una ciudadanía más consciente, con voluntad de participar, es decir, de tomar parte activa en la construcción de la sociedad.
La participación ciudadana ha sido y es un elemento fundamental para la construcción de la democracia en México, y el compromiso de la Pastoral Social es precisamente seguir acompañando y apoyando el despertar de la conciencia ciudadana de los mexicanos. Esto supone por un lado tener propuestas de formación cívica y ética que motiven y orienten a quienes las reciban a no renunciar al derecho-deber de contribuir con su esfuerzo al bien común y a asumir la propia responsabilidad en la construcción de una sociedad justa.
Por otro lado, la Pastoral Social debe apoyar la constitución de sujetos ciudadanos colectivos que participen en la definición de las políticas públicas y en el ejercicio del gobierno, pues la justicia social supone condiciones de vida en las que todos puedan ver respetados sus derechos y tener oportunidades para el cumplimiento de los propios deberes.
Conserva actualidad la enseñanza del magisterio latinoamericano que señala la necesidad de promover de modo más eficaz y valiente los derechos humanos desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia con la palabra, la acción y la colaboración, comprometiéndose en la defensa de los derechos individuales y sociales del hombre, de los pueblos, de las culturas y de los sectores marginados, así como de los desprotegidos y encarcelados. Y que es preciso igualmente comprometerse en la defensa de la vida desde el primer momento de la concepción hasta su último aliento, y participar con discernimiento en organismos de diálogo y mediación, así como en instituciones de apoyo a las diversas clases de víctimas. A la luz de los valores evangélicos, la Iglesia debe empeñarse firmemente “en la superación de toda injusta discriminación por razón de razas, nacionalismos, culturas, sexos y credos, procurando eliminar todo odio, resentimiento y espíritu de venganza, y promoviendo la reconciliación y la justicia” .
Para ello es importante estar al tanto de lo que plantean los movimientos civiles y sociales en esta materia, participar con discernimiento en la elaboración de sus agendas, y colaborar proféticamente con ellos en la prosecución de objetivos que contribuyan a la consolidación de la paz y la justicia en la sociedad.
Habría que animar y propiciar igualmente la creación de grupos, comités o centros de derechos humanos allí donde no existan, y exhortar a las autoridades y a quienes participan en los organismos públicos de derechos humanos a cumplir su función con apego a la justicia y el respeto a la ley, protegiendo siempre la dignidad inviolable de todo ser humano.
Paz y Reconciliación
La mediación de la Iglesia en muchos conflictos que se han suscitado, de manera particular en el sur de nuestro país, es una buena manifestación de la misión que tenemos las comunidades cristianas en la construcción de la justicia y la paz y en los procesos de diálogo. Ésta, no debe ser sólo una opción calculada y coyuntural de parte de los pastores, sino que se debe asumir como parte esencial del ministerio.
Una de las situaciones que más provocan tensiones en los pueblos y en las comunidades, no se debe sólo a conflictos armados, o a levantamientos de grupos inconformes, algunos con intenciones poco claras, o a acciones violentas para desestabilizar, sino, más bien, dichas tensiones son provocadas por el resquebrajamiento de la infraestructura económica y cultural que agrava la desigualdad social, la desarticulación de los roles comunitarios y el desmembramiento de las familias. De ahí que la restauración del tejido social es fundamental para construir la paz.
Los tejidos sociales, se deshacen también por las crisis de valores y por la frustración e insatisfacción, provocadas por las graves situaciones económicas y políticas de los pueblos. Esto nos lleva a concluir que la labor de la Iglesia en la restauración del tejido social va más allá de su intervención en la atención y rehabilitación de la comunidad a partir de los conflictos armados. La prevención es la parte más importante.
El perdón no consiste simplemente en el olvido. Implica el reconocimiento de las ofensas, el propósito de no volverlas a cometer y de alguna manera el propósito de resarcirla. Desde el punto de vista social exige su investigación, no con el ánimo de venganza, sino para hacer justicia, reparar los daños y sobre todo evitar que se vuelvan a realizar. Un pueblo que recupera su memoria va sacando de su experiencia un tesoro para mejorar y evitar al mismo tiempo cometer los mismos errores.
La historia de la Iglesia, de la misma manera que sucede con el pueblo de Israel, es una de las fuentes de interpretación del presente y de esperanza hacia el futuro, por eso la memoria histórica no consiste sólo en recordar, es un acto de construir y reconstruir nuestra persona y nuestra sociedad.
El compromiso de los apóstoles de la Pastoral Social en los procesos de paz y reconciliación puede concretarse:
- Procurando el conocimiento de las experiencias locales, nacionales e internacionales de mediación, sistematizándolas e identificando en ellas lo utilizable en otras situaciones.
- Favoreciendo la formación de mediadores para situaciones de conflicto.
- Favoreciendo la tolerancia y el diálogo en el pluralismo religioso, teniendo en cuenta que muchas veces detrás de los conflictos religiosos hay situaciones de disputa del poder social ó económico.
- Conociendo organizaciones que tienen experiencia en el tema y articularse con ellas.
Queriendo responder a estas exigencia la dimensión tiene como objetivo general:
Promover desde los valores del Evangelio y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, la formación de sujetos sociales y eclesiales capaces de comprender y participar en la construcción de una sociedad justa, solidaria y respetuosa de los derechos humanos, mediante una pastoral que promueva la resolución pacífica de conflictos y los procesos de reconciliación.
Sus objetivos específicos son:
- Anunciar el Evangelio de la Dignidad de la Persona Humana, animando y acompañando procesos de formación de agentes de pastoral social para impulsar procesos de reconciliación y de construcción de la Paz
- Señalar acciones concretas para celebrar los valores del evangelio en el ámbito de la justicia, la paz y la reconciliación, con el objetivo de generar un compromiso comunitario que fomente la justicia social como cimiento de la paz
- Promover la fraternidad y la solidaridad en la Pastoral de Justicia, Paz y Reconciliación estimulando la articulación y el trabajo con otras Dimensiones de la Pastoral Social y la vinculación con organismos civiles y sociales para articular propuestas e incidir en las políticas públicas correspondientes.
Directorio:
Responsable de Dimensión:
Mons. Miguel Ángel Alba Díaz
Obispo de La Paz
Revolución y 5 de Mayo
Centro
23000 - La Paz, B.C.S.
Tel. (612) 1-22-25-96 * 1-22-02-08
Fax (612) 1-22-82-72
E mail: maad@prodigy.net.mx
Coordinación:
LEPG Miguel Ángel González Gámez
Tintoreto 104 Cd. de los Deportes
Delegación Benito Juarez
Mexico D.F
Tel (52) (55) 55 63 16 04
55 63 65 43 y fax 55 63 39 68
justiciaypaz@ceps-caritasmexico.org
www.ceps-caritasmexico.org
Asistencia:
Karla Castañeda Hernández.
Cf. IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
Documento de Santo Domingo, 165.
255 Cf. IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Santo Domingo, 169.
Juan Pablo II; Discurso al Congreso Mundial sobre la Pastoral de Derechos Humanos, 4 de julio de 1998.
Cf. IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Santo Domingo, 166.
Cf. IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Santo Domingo, 168.